diciembre 2, 2022

“GANAMOS EL DEBATE” ES TAN TRILLADO COMO LA 7 PELICULAS DE RAMBO.

 

PUNTO EXACTO

POR JULIAN PUENTE

 

“GANAMOS EL DEBATE” ES TAN TRILLADO COMO LA 7 PELICULAS DE RAMBO.

 

Los debates políticos desde hace años son meramente denostaciones, es decir un todo contra todos, lejos quedan las propuestas y los proyectos que tienen los candidatos, eso es lo que realmente le gusta a la ciudadanía. El escuchar expresiones como “no nació en el estado”, o “ya milito en muchos partidos”, es algo que a la gente no le interesa, hay que debatir propuestas no chismes de lavadero. El objetivo que cada candidato o cada partido persigue en una elección nunca es debatir, no importa que lo afirmen; en realidad su objetivo siempre y en cualquier lugar es maximizar el porcentaje de votos el día de la jornada electoral. La farandulización de la política es un fenómeno global, ubicado en la intersección entre personalización y mediatización de la política. La verdad nunca he coincidido con que se sobrepongan una imagen de quienes quieren convencer con base en apariencias a través del uso del lino y las guayaberas para ser percibidos como seres humanos más humildes.

La realidad es que los debates son sólo momentos de la campaña, momentos que pueden o no ser importantes, dependiendo de si los ciudadanos los tomarán en cuenta para su decisión de voto. Para algunos candidatos el debate es una oportunidad de mostrarse mejor que los demás, de exhibir debilidades de los adversarios y por ello buscan que haya muchos, normalmente ésta es la postura de los candidatos que no van en primer lugar de las preferencias y que buscan cambios en las percepciones; para otros candidatos, el debate es un obstáculo o un momento de riesgo y evitan debatir más de lo que la ley les obliga. Los debates, entonces, no son una búsqueda de comunicarle al ciudadano lo que quiere saber, sino momentos en la estrategia, en los que se busca dar golpes o evitar golpes de los adversarios.

Espacios como estos son en los que las ideas deben privilegiarse sobre la vestimenta y la veracidad de los argumentos debe identificarse con base en pruebas que los sustenten, no en tonos de voz. Por eso que resulta desagradable escuchar a personas ganar un debate diciendo barbaridades con mucha seguridad. No soy el único que se aproxima con desconfianza a los debates y los percibe como espacios en los que se presenta demagogia, reiteraciones excesivas, comerciales, publicidad, entre otras que los convierten en una discusión de café y no en un ejercicio que abone al debate público conjunto.

Un debate lo gana quien logra incrementar su porcentaje de preferencias y logra disminuir el de sus adversarios. Para ser claro, el resultado del debate no es posible saberlo al terminar éste; se requiere un periodo de reflexión y de asimilación por parte de los ciudadanos y encuestas pre y pos debate para conocer los movimientos que genera en las preferencias. Por otra parte no debemos olvidar el nuevo elemento en la comunicación política que está en desarrollo pero ya con fuerza para fijar agenda, las redes sociales. Todos los equipos buscan hacer un debate paralelo. Por ejemplo, en Twitter vemos los intentos de evidenciar cada error adversario, de mostrar y reforzar los mensajes durante cada participación del candidato que apoyan y de motivar esa idea de triunfo que a todos les interesa generar. Como antes he dicho, hoy es imposible separar el evento debate de las ideas y el proselitismo que aparecen en las redes. Eso de salir al terminar el debate y postear “Ganamos el debate” es algo tan trillado como las 7 versiones de la película de Rambo, en los debates el único ganador debería de ser la ciudadanía.

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