Una navidad diferente. Editorial Punto Exacto

 

PUNTO EXACTO

JULIAN PUENTE

 

Llevamos 8 meses de pandemia, el tiempo sigue su curso y prácticamente estamos de frente a la parte final del año, una vez que ya pasó el Grito de Independencia, se celebró el Día de Muertos y estamos cada vez más cerca de los festejos de Navidad. Festejos que sin duda deberán ser diferentes y que en su mayoría nos mantendrán lejos de nuestros seres queridos, porque la pandemia no ha terminado y las medidas de seguridad nos obligan a seguir confinados en nuestras casas, ya que el riesgo de contagio permanece latente y más aún en esta época invernal.

Esta será una Navidad diferente a todas. En lo personal, admito que ni en la peor pesadilla imagine lo que hoy vivimos, confinamiento obligado. Distancia con los seres queridos. Cubre bocas y careta para salir a la calle. Temor al contagio, que acecha por doquier. Fallecimientos que nos duelen y orfandades. Nadie sabe los muertos que tenemos que llorar a causa de la Covid-19, pero son demasiados. Nadie sabe el número de personas que sufren secuelas gravísimas a causa del maldito SARS-CoV-2, pero son muchos y el sufrimiento se acumula por todos lados. Las acciones que han implementado las autoridades estatales para la prevención de la pandemia han sido puntuales, desde la entrega de despensas, hasta la entrega de cubre bocas de parte de la COFEPRIS; Sin embargo quien ha pasado desapercibido desde que la pandemia inicio es el presidente municipal de Othón P. Blanco, Otoniel Segovia Martínez, quien en días recientes autorizo la realización de un evento masivo en pleno boulevard bahía cuando horas antes lanzaba un video a través de redes sociales invitando a la gente a no acudir a reuniones con aglomeración excesiva de personas.

El temor al contagio estará tan presente en Navidad como lo ha estado desde marzo. Pero, adicionalmente, será una Navidad de crisis económica. Tan profunda como no recordamos haber vivido. Lo primero que se nos viene a la cabeza es que la Navidad de este año no será multitudinaria. Siempre nos han enseñado que la Navidad es abrir las puertas para que todos puedan acudir tanto amigos, compañeros de trabajo o familiares cayendo todos en  las novenas o a las cenas. Este año, obviamente, no debe ser así al menos si deseamos que los contagios no se disparen antes de concluir el año. Vamos por buen camino y no podemos ceder ante tentaciones completamente ridículas. Unas navidades sin estar con el resto de la familia serán más tristonas. Cierto. Pero unas navidades sin los abuelos muertos o un familiar sin poder andar y hablar con normalidad durante meses, serían mucho peor.

Rituales, restricciones e inquietud, el calendario es implacable y, según avanza, crece la inquietud entre la población y los sectores económicos más directamente implicados por no saber cómo afrontaremos esas fechas tan señaladas. En juego no solo hay dinero; también cuenta, y mucho, el caudal de afectos que se moviliza en estos festejos. Toca, pues, reinventar la Navidad y adaptarla a las limitaciones que impone la pandemia. Si no podemos visitar a nuestra familia, sí podemos enviarles un regalo personal hecho por nosotros mismos. Si no podemos participar en eventos multitudinarios, sí podemos decorar la casa con motivos navideños siendo una buena ocasión para aprovechar el espíritu de los niños, hacer manualidades y recuperar la vieja tradición navideña. Precisamente, los menores son los que, según todas las previsiones, llevarán con más normalidad esta Navidad tan extraña que nos espera. Los más pequeños, porque en su mundo mágico santa y los Reyes Magos seguirán llegando puntuales cargados de regalos.

 

 

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