La misma cantaleta…………. La corrupción

PUNTO EXACTO

POR JULIAN PUENTE

 

La misma cantaleta…………. La corrupción.

 

 

 

Si de lo que se trata es de dejar una huella, una esencia del gobierno de la 4T, está ya fue dejada cuando el instituto nacional electoral declaro vencedor a su representante como presidente de México, Andrés Manuel López obrador; sin embargo el desaparecer o eliminar todo lo que se creó antes que por qué a su parecer todo huele a corrupción es por demás innecesario. Hay que mencionar que al inicio de la actual administración federal y hasta la fecha de hoy ya han sido varias renuncias dentro del gabinete nacional y la mayoría ha sido porque los titulares en ese momento no quisieron prestarse a actos de corrupción. El último caso fue el del titular del instituto para devolverle al pueblo lo robado quien desde meses a tras había advertido al ejecutivo federal de situación no muy transparentes dentro de dicho instituto y en lo cual no sería participe lo que lo llevo finalmente a presentar su renuncia hace algunas semanas.

Ahora la desaparición de más de 100 Fideicomisos para el 2021 es un duro golpe para todos los mexicanos y digo todos porque dentro de esos fondos había para apoyar la cultura, las artes, la ciencia y sobre todo los desastres naturales. Y es que De acuerdo con el proyecto de extinción, esta medida busca desaparecer gastos innecesarios, eliminar la opacidad en su administración y generar ahorros. Esto para que el país asigne eficazmente recursos públicos a las acciones y programas prioritarios del Plan Nacional de Desarrollo. Aunque la administración actual considera que los fideicomisos públicos facilitan la corrupción, la discrecionalidad y la falta de transparencia, lo cierto es que se trata de fondos fiscalizables por la Auditoría Superior de la Federación y la Secretaría de Función Pública. Además se rigen por la Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria (LFPRH), la Ley General de Transparencia y otras normas especializadas.

Recordemos que fue el 2 de abril se publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto del presidente López Obrador que eliminó los fideicomisos constituidos por acuerdos o decretos del Ejecutivo, cuyo monto total ascendía a más de 700 mil millones de pesos. Poco más de un mes después, la diputada Dolores Padierna de Morena presentó una propuesta para extinguir los fideicomisos creados por ley y que no fueron incluidos en el decreto presidencial. Lo cierto es que pocos en el país conocen el objetivo de los fideicomisos que el gobierno federal eliminara, para tener dinero en el año electoral. Bueno, de nuestros flamantes diputados, especialmente la mayoría de los de Morena, no tienen ni la menor idea de lo que hay del origen, contenido y destino de esos fidecomisos. En sexenios anteriores, ante las uñas largas de algunos gobernantes, legisladores se dieron a la tarea de proteger mediante fideicomisos de la clase política de manos largas, el dinero para programas que no se usan cotidianamente, pero son fundamentales para proteger a la sociedad. Legalmente, se impide a la clase gobernante usar esos recursos con fines políticos, electorales o distintos a los que fueron creados, pero lo anterior al parecer no lo supieron las actuales autoridades.

Hoy, los diputados desaparecerán fondos para becas, investigación, ciencia y tecnología, protección del patrimonio arqueológico, atención a víctimas de desastres naturales, créditos al cine, protección a defensores de derechos humanos y a periodistas, estímulos al deporte de alto rendimiento, entre muchas actividades elementales de los seres humanos. En el Decreto del presidente de la república, de solo 7 breves artículos, nada se dice sobre los motivos que sustentan tal medida. Únicamente se invoca la traída y llevada austeridad republicana y el objetivo de combatir el despilfarro y administrar los recursos con transparencia y honradez. La propuesta para extinguir los fideicomisos públicos es arbitraria e irracional. No hay argumentos sólidos y convincentes que justifiquen esta decisión tan pésima. Se repite la misma y desgastada retórica de la opacidad, falta de transparencia y corrupción. Pero todo son meros supuestos. No se demuestra nada de ello, mucho menos se presentan denuncias contra posibles responsables.

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