El Aborto: contradictorio como nuestra sociedad

PUNTO EXACTO

POR JULIAN PUENTE


Las opiniones
del aborto en América Latina soncontradictorias y diversas, tan contradictorias y diversas como nuestras sociedades. Si bien es entendible que personas razonables tengan opiniones diferentes con respecto al aborto, los gobiernos deberían garantizar que se respeten los derechos humanos. Tienen la responsabilidad de asegurar que las mujeres embarazadas en situaciones vulnerables y peligrosas no se conviertan en víctimas fatales del debate público sobre aborto. Convertir en delincuentes a las mujeres que abortan, por los motivos que consideren ellas, es tan violento como sería penalizar y estigmatizar a las embarazadas por traer más niños al mundo y juzgarlas por determinantes poblacionales, económicos o ambientales.

 

Tarda en emitir una opinión al respecto de dicho tema ante la sensibilidad de muchos y coraje de otros; Sin embargo, quizás valga la pena para muchos y muchas de ustedes aclarar la diferencia entre legalizar y despenalizar porque, de hecho, son más que matices cuando se refieren a los derechos de las mujeres. Entonces trataré de explicar los dos conceptos, y espero que me perdonen los y las juristas si es algo escueto por aquello de las limitaciones en caracteres de las columnas de opinión.  Legalizar el aborto significa que se puede realizar en el contexto de un sistema legal que lo permite. Esto supone que el Estado debe crear las reglas de juego para que en la práctica se pueda garantizar como derecho, incluyendo la prestación del servicio en el sistema de salud, como hoy en día sucede en muchos países. Ahora, despenalizar va más allá, puesto que es dejar de concebirlo como un delito. Con la despenalización ya no hay cárcel, sino derecho. Se vuelve un asunto de salud pública como cualquier otro evento de salud. La interrupción voluntaria del embarazo se vuelve un derecho absoluto. Y, de hecho, cuando una ley no cumple, o cumple mal su función, hay que derogarla.

Un argumento Pro vida bastante común es afirmar que un cigoto o un embrión constituyen una persona. Este argumento nace al aceptar que, si un embrión tiene ADN humano, entonces constituye incuestionablemente una persona humana. Sin embargo, el asunto no es tan sencillo. El sector Pro vida incluso ha denominado al embrión como “bebé” o “niño”, ignorando que tales constituyen etapas posteriores del desarrollo. Si buscamos argumentar científicamente, debemos evitar mezclar términos científicos con no científicos. Solo así comprenderemos que un embrión o cigoto no es una persona.

Lo cierto es que el aborto debe consagrarse como un derecho porque supone asegurar el derecho de las mujeres a auto determinar tanto su cuerpo, como su vida. En este sentido, el Estado no puede confinar a las mujeres al espacio de la maternidad de manera obligada, simplemente porque el cuerpo de la mujer no es un espacio público a merced de las decisiones de otros. No puede otorgar al feto una naturaleza jurídica que está por sobre los derechos de la mujer, bajo argumentos ligados a la religión y a la presunción de tener la verdad en torno al “origen de la vida”. A través de la criminalización del aborto, se ejerce violencia y obliga a recurrir a condiciones poco seguras para abortar, en especial a las mujeres de los sectores más vulnerables de la población. Atenta así contra el derecho al acceso a la salud y la vida de las mujeres.

Y finalmente, ¿quién tiene la razón en el debate por el aborto?, ¿quiénes son los buenos y quiénes los malos?, Lo básico para entender esta postura, es comprender que para alguien que se opone al aborto, un bebé es un bebé desde el momento en que se concibió, es una pequeña personita, inocente y vulnerable, que solo debiese recibir cariño y cuidados todos los días de su delicada vida infantil. Y, por lo tanto, lo que mueve a un pro-vida, es el amor a esa nueva vida y el deseo de proteger a ese pequeño. No existediferencia entre el horror de ver a alguien arrojar un bebé por la ventana de un edificio, con la de expulsar o aspirar a un feto desde el vientre materno. Ambas imágenes parecen igualmente atroces e indefendibles. Poco sentido tienen, para quien así piensa, las discusiones biológicas, sociológicas o filosóficas sobre cuándo ese cigoto, embrión o feto se puede definir como “persona”, “ciudadano” o “ser humano”, ni piensa que haga alguna diferencia en qué estadio de desarrollo embrionario se encuentre. Para la gran mayoría de quienes defienden esta postura, la realidad es simple y clara como el agua: solo existen dos momentos que definen la existencia o no de un ser humano, la concepción y la muerte. 

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