PREFIEREN SERVICIOS DE PARTERAS QUE IR AL HOSPITAL EN AL ZONA MAYA

Felipe Carrillo Puerto.- El temor de ir a un hospital, en medio de esta pandemia, ha visibilizado nuevamente una de las prácticas ancestrales en la zona maya de Quintana Roo: los nacimientos en manos de parteras.

Específicamente en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, 70 mujeres indígenas han resistido los embates de la modernidad y el avance tecnológico en el ramo de la medicina. Gracias al coronavirus, decenas de mujeres embarazadas prefieren, ahora, que sean ellas las que las atiendan antes que ir al hospital.

Doña Marbella Xib Calderón, de 56 años de edad, es una de las decenas de féminas que de acuerdo con la Secretaría de Salud (Sesa) está certificada como partera tradicional en Carrillo. Ha brindado sus servicios por más de 40 años y más ahora durante la pandemia.

A la semana, atiende de tres a cuatro mujeres. Unas llegan para dar a luz, otras para verificar el crecimiento del bebé, saber si está en buena posición y si no están en algún riesgo.

En sus datos estadísticos, la Jurisdicción Sanitaria Número Tres señala que de abril a julio del 2020, aumentó el número de nacidos en manos de parteras con una cifra de 55 partos, contrario a los mismos meses anteriores cuando se veía de uno a dos por mes.

Seydi Caamal Estrada, habitante de la zona maya, será madre por segunda vez y aunque la llena de satisfacción, no se siente del todo segura. No quiere ir al hospital por miedo a contagiarse, por eso quiere que sea una partera quien lleve sus cuidados hasta su parto.

Su primer bebé lo tuvo hace cinco años, en la sala de un hospital, nunca ha tenido una experiencia con alguna matrona y a pesar de ello lo quiere intentar. Su madre y su suegra, propias de la zona maya, le recomendaron que lo haga porque es el método más seguro. “¿Si no cómo naciste tú?”, le dijeron.

El miedo a contagiarse es solo una razón más para ir con las parteras. Otros factores son la “violencia obstétrica” a la que las mujeres no quienes exponerse.

“Esta consiste en cualquier acción u omisión de información por parte del personal médico que cause daño físico y/o psicológico en la mujer durante cualquier etapa de su embarazo”, señala Lourdes Melissa Chablé Chi, del Colegio de Michoacán, México.

En su estudio Etnicidad y generación de públicos en el uso de la partería en dos ciudades del sur de México, enfocado al municipio carrilloportense, afirma que la desigualdad económica también se refleja en la violencia obstétrica, la cual se incrementa para las mujeres indígenas, quienes acuden mayormente a hospitales públicos.

Sin embargo, a pesar de esta nueva gran demanda de servicios en la zona centro del Estado, las matronas se enfrentan a un gran reto. La mayoría supera los 55 años de edad, por lo que son un grupo vulnerable. Pero el mayor problema es que no cuentan con la suficiente energía para poder asistir durante el parto, la vejez ya no se los permite.

Es por ello que Seydi, con cinco meses de gestación, dice que le ha sido difícil buscar a una partera tradicional para que la verifique y conocer si su bebé que lleva en su vientre está en buena posición y si no sufre de alguna complicación. Las que le han recomendado, ya no se dedican a ello.

Doña Paula Porfiria Xool Camargo, de 75 años, es un ejemplo. 50 años de su vida los entregó a esta labor y aunque ya no ejerce su profesión, dice que durante la pandemia la han buscado para que brinde su atención, pero se ha visto en la necesidad de rechazar los servicios. “Estoy acreditada por la Secretaría de Salud, pero ya no estoy para esto”, expresó.

Doña Paula asevera que no puede porque no tiene la fuerza suficiente y tampoco la misma energía que la caracterizaba hace unos años, además, sus hijas y nietos le han dicho que no siga desgastándose y ahora le toca disfrutar un poco.

En sus datos, la Jurisdicción Sanitaria Número Tres señala que hasta 2016 tenía un registro de 141 parteras, en el 2017 descendió a 117 y a la fecha sólo tienen en registro 70.

La práctica de la partería tradicional de la zona maya está en decadencia. Las nuevas generaciones no tienen ningún interés en aprenderla ya sea por temor o simplemente porque no les nace.

Romualda Collí, partera tradicional de 63 años de edad, en la zona maya de Felipe Carrillo Puerto, dijo que ella es la tercera generación de su familia que aprendió el oficio ancestral, su abuela y madre les enseñaron las técnicas para poder atender a una mujer en estado de gestación.

Sin embargo, expresó que en la actualidad existe el riesgo de que desaparezca. De los nuevos retoños de su familia, ninguno ha querido aprender este trabajo que, de generación en generación se ha ido heredando.

“Casi toda mi vida hice este trabajo, lo aprendí de mi abuela, mi mamá, me enseñaron a estar al pendiente de cada mujer. Así como yo, he querido que mis hijos o nietos lo aprendan, pero nunca les ha gustado y tienen miedo”.

Los hijos de ahora prefieren la escuela y trabajar, pero no aprender a realizar este oficio.
“Ninguno de mis hijos quiso, unos son licenciados, maestras, porque es lo que quisieron ser, siempre tuvieron miedo de hacerlo para no meterse en algún problema, hasta a mí me decían que ya no lo haga por lo mismo, sobre todo cuando empecé a quedar un poco más viejita, por la falta de fuerza, tiempo”, son los comentarios comunes de quienes son la última generación familia que se dedican a esa práctica. (Sipse.com)

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